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Al salir del Norte de Camerún, donde yo trabajaba en el Centro de Salud de la Iglesia Evangélica Luterana de Camerún, me presenté al Dispensario católico de Mimboman y la Hna. Aurora Rueda se fijó en mí escrito…. Así, ella comenzó a introducirme en la Compasión que, entonces, no estaba tan desarrollada en mí. Pasé 30 años en la Compasión; ella fue una escuela de Vida que no olvidaré nunca. Aprendí a trabajar con lo que se tiene… Aprendí a sufrir con mis pacientes, sin mostrárselo. Aprendí el dolor entre el dolor. 

Las hermanas me han enseñado a ver con otros ojos la parábola del “Buen Samaritano”.

Ventanas de compasión

Queremos celebrar que en medio de este mundo en el que abunda el dolor y en el que parece reinar la indiferencia, hoy podemos reconocer también una corriente de Compasión que va abriendo ventanas a muchas y diversas iniciativas de humanización y solidaridad.

Nosotras, hemos querido ser cauce de esa corriente compasiva a lo largo de estos 200 años en los lugares donde vivimos y a través de los proyectos que organizamos o en los que participamos.

Te invitamos a asomarte a estas ventanas y a también a abrir los ojos a tu alrededor por si esa corriente pasa cerca y te llama a entrar en ella… O tal vez ya estás dentro y tienes un testimonio que compartir…